Gabriela Cueva Quelal · Maestra de Educación Infantil y psicomotricista

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Juego · Familias y educadoras

Del cesto de los tesoros al juego con piezas sueltas: cómo prepararlo en casa y en el aula

Objetos cotidianos, muchas posibilidades de juego

Portada del artículo «Objetos cotidianos, muchas posibilidades de juego»: un bebé explora cilindros de madera y cuencos junto a una educadora

Un bote y unas piezas pueden dar para muchos juegos distintos. Todo empieza por elegir bien los materiales y dejar que el niño o la niña decida.

Hay objetos que no traen instrucciones. Un niño mete una pieza en un bote, la saca y prueba con otro bote. Lo que le interesa guía el juego, y el adulto prepara el espacio y se queda cerca.

A estos objetos se les llama materiales no estructurados, porque no tienen un único uso. También se habla de juego con piezas sueltas. El material por sí solo no basta: también cuenta cómo se presenta y cómo se acompaña.

El cesto de los tesoros y el juego heurístico nacieron de la mano de Elinor Goldschmied. Hoy el juego heurístico ya no se trabaja como un método aislado, ni se ha cambiado por otro método único. Forma parte de un enfoque globalizado y experiencial que se apoya en tres pilares: los ambientes de aprendizaje, la experimentación con materiales no estructurados (o juego con piezas sueltas) y el trabajo por proyectos o talleres.

Para los bebés que ya se sientan solos, el cesto de los tesoros sigue siendo una propuesta preciosa: un cesto bajo con objetos de distintos materiales para explorar. Cuando ya se desplazan, los recipientes y objetos para llenar, vaciar, meter y sacar pasan a formar parte de los ambientes del aula y de casa, y pueden dar pie a talleres y pequeños proyectos.

Para empezar, elige pocos tipos de objetos: recipientes amplios y resistentes y piezas grandes pensadas para menores de tres años. No copies una foto de internet. Revisa cada objeto pensando en el niño o la niña que lo va a usar.

Que un objeto esté en casa no lo hace seguro. Evita tapones pequeños, pilas, imanes y cordones largos. Descarta todo lo que quepa entero en la boca o pueda soltar trozos, y revisa bordes y limpieza. Estar vigilando no convierte un objeto peligroso en seguro.

Pon los materiales a su alcance y dale tiempo. Si te busca, responde; si necesita ayuda, ayúdale. No hace falta enseñarle todo lo que puede hacer ni preguntarle a cada rato qué está haciendo.

Al terminar, invítale a recoger con una frase sencilla: «Los botes van aquí». Que participe en lo que pueda.

Para observar

¿Qué le interesa? ¿Busca compartir contigo lo que descubre? ¿Necesita otro material o una ayuda distinta?

Para saber más